Fuerzas Armadas, libreros: Del “rancherío” al espacio digno

libreros fuerzas armadasDaniela Pérez
  “¡Siempre a la orden, y disfrute la lectura!”, es la frase común que se escucha, entre cornetazos y el bullicio de la calle, al atravesar el puente de la avenida Fuerzas Armadas, en Caracas. Son los libreros, quienes desde hace más de 20 años ofrecen a los transeúntes de esta vía libros nuevos y usados, a bajos precios.Hasta hace casi dos años sus libros reposaban en pedazos viejos de madera, cartón, metal oxidado, telas y “en lo que fuera”. Pero en julio de 2011, el Ejecutivo Nacional, a través del Gobierno del Distrito Capital, invirtió 8 millones de bolívares para la reubicación de 84 libreros en kioscos con iluminación.

La diferencia es obvia. Para quienes conocen esta avenida, los libreros siempre han sido un punto de referencia por el servicio que ofrecen, pero también se recuerda su espacio de trabajo como un lugar en el que reinaban la anarquía, la basura y la inseguridad.

Ahora, los kioscos coloridos, con imágenes de maestros de la literatura y la poesía, como Jorge Luis Borges, Aquiles Nazoa, Víctor Valera Mora, entre otros, adornan el puente.

“Con la mercancía en una mesa uno estaba propenso a que lo robaran. En cambio ahora estamos más seguros”, expresó Carlos Seijas, librero desde hace 18 años.

Para Juan Mora, especializado en libros universitarios y de auto-ayuda, los nuevos kioscos son sinónimos de comodidad.

“Antes había que estar llevando y trayendo la mercancía, muchas veces hasta pagábamos para que nos ayudaran, pero ahora nuestros libros están seguros, no se mojan, y siempre están en el mismo sitio”, comentó.

Otro de los beneficios que destacan es la limpieza: “Ahora con una barridita y un poquito de desinfectante estamos listos para empezar la jornada”, dijo Carlos Pirela, quien lleva 23 años vendiendo libros universitarios y “los que están de moda”.

Estos servidores públicos empiezan sus labores a las 8:00 de la mañana y culminan a las 6:30 de la tarde, o un poquito más, dependiendo de la venta. La mayoría contó que desde que inició 2013, la lectura preferida del caraqueño es la novela erótica.

Cincuenta sombras de Grey, dicen casi en coro los libreros. La novela, de la autora británica E.L. James, que narra explícitamente la relación entre una universitaria y un magnate, es la más solicitada por jóvenes y no tan jóvenes.

El espacio, rebautizado con el nombre de Resistencia Literaria, es apropiado. Sobre todo para William Lamus, con 27 años en el oficio, quien se niega a vender “el último grito de la moda”.

“Aquí en el puente hay una pugna, pero no personal sino entre lo tradicional y lo nuevo. Yo prefiero vender libros que no se consigan en las librerías. Me da más satisfacción impresionar a la gente y creo que esa es la verdadera esencia del librero”, dijo mientras escuchaba una canción del trovador Silvio Rodríguez.

Para Lamus, su trabajo es más digno ahora que hace unas décadas atrás. “Uno venía todos los días, como si nada, pero habían ratas, cucarachas y malandros que daba miedo”, indicó este amante de la historia venezolana y admirador de pintores como Armando Reverón y César Rengifo.

Pero los libreros no son los únicos contentos. También los vecinos y los jugadores de ajedrez son testigos del cambio.

Ahmed Ahmeti, conocido como “Gonzalo González”, expresó, con tono jocoso, que juega ajedrez en el puente desde hace nueve años para pasar el tiempo, después de su jubilación. Para Ahmeti, con el espacio recuperado ha bajado la inseguridad.

“Como antes esto estaba descuidado, el hampa aprovechaba para hacer de las suyas, pero ahora con la policía y todo más iluminado, ya no pueden robar”, comentó.

Un extremo bello, pero el otro…

Todos lo libreros coinciden en que el cambio ha sido positivo no solo para ellos sino para toda la comunidad. Pero también todos concuerdan en que se deben tomar medidas en el otro extremo del puente, específicamente hacia la esquina de Socorro, ya que la indigencia se ha apoderado del lugar.

La “gente de la noche”, como los llama Francisco Machado, duermen sobre los kioscos, y en muchas ocasiones hacen sus necesidades sobre los mismos.

“El principal problema es que deterioran los espacios. Muchas veces hasta intentan violentar los kioscos. Nosotros hacemos lo posible para que no estén aquí durante el día, pero a veces son violentos, y no nos podemos enfrentar a ellos”, explicó.

Ante esto, los libreros solicitan a las autoridades mayor vigilancia en las noches, recolección constante de los desechos, así como la colocación de una móvil de la Arepera Venezuela, baños o un espacio en el que se realicen continuamente actividades culturales, que no permitan la indigencia./AVN

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